Mentir o no mentir, no es un dilema del universo femenino como la cuestión To be or not To be.
Hay mujeres, la gran mayoría, con una imagen distorcionada sobre lo que hacen y una idílica sobre lo que ellas creen que hacen. ¡Yo no coqueteo! Exclaman, pero en un café colocan su silla estratégicamente para observar a algún muchacho guapo que se encuentra en la mesa contigua… ¡Yo no mantengo velas prendidas!, aseguran otras, pero se relacionan en el plano profesional o amistoso con sujetos que las cortejan abiertamente o que incluso trataron alguna vez de besarlas a la fuerza. Ese muchacho me es indiferente, exclama otra conocida, pero al entrar a su blog me doy cuenta que es una calca absoluta del que fue escrito por el sujeto en cuestión, incluso con sus entradas, cabezas de texto, construcción de anécdotas, remates y muletillas como «Teoría de…»
Lo mas tierno de todo es la obviedad de estas mujeres para mantener su bandera de «no coquetas». En la sociedad contemporánea el término «coqueta» ha pasado de significar «putería» a ser considerado sinómimo de «mujer tonta»… algo devastador en tiempos donde todas las mujeres han añadido a la competencia sexual, la competencia profesional e intelectual… ¡ya no puede haber mujeres tontas! por lo tanto las coquetas pasaron a la historia, al menos en la manera tradicional… hoy el secreto se encuentra en negar verdades obvias a toda costa, como el tierno Bill cuando afirmaba con respecto a Mònica «Yo sólo he mantenido una relación profesional con Miss Lewinsky»
¿Una desgracia para los hombres? Al contrario, debemos regocijarnos. Ahora tenemos un espectáculo de humor involuntario en cada esquina, en cada restaurante, en cada reunión y fiesta. No hay nada más divertido que observar a una mujer que intenta no parecer coqueta o «miradora de menús», pero que pelea por sentarse en una silla específica, justo en el ángulo de visión de un guero hipioso con barba rala, apenas ayer fui testigo indirecto de esa escena.
Retrofuga: Mi amiga Mariana le decía a su novio, un actuario bastante fiel y honesto: ¿Gustarme eseeeee?? ¡Estás loco! Poco después se embarazó y hasta después de dos años de casados le confesó a su marido que su hijo era en realidad de «eseeeee»… ¡que ternura!, pero ¿coqueta? ¡¡¡Nunca!!!