Marión…

Yo tendría unos 13 años, ¿el escenario?, el innombrable Instituto Mexicano Francés. La recuerdo con sus ojos de pantera profundamente verdes, sus pulseras gomis a lo Madonna y su cabello castaño ensortijado.

Cuando Marión llegaba a la escuela el tiempo se detenía para todos. Si hubiésemos estado en Gringolandia ella hubiese sido la típica vampireza de High School con la que el alumno tímido sueña con asistir al baile de graduación.

Después de dos años completos de secundaria amándola en secreto, aún recuerdo aquella noche cuando escribí una torpe y cursi carta en la que volcaba mi atormentado amor adolescente. Al día siguiente, durante el descanso, mientras ella conversaba con sus amigas imponiendo al resto de la escuela la moda de usar un tenis Nike de diferente color en cada pie, me escabullí hasta su salón y coloqué mi  misiva en su mochila de rayas rojas.

Desde entonces hubo entre ella  y yo un diálogo secreto de miradas. Marión desconfiaba de mí porque en ese tiempo era yo un vampiro darki… literal, casi con tendencia gótica. Me juntaba con otros vampiros de mi calaña que intentaban parecer malos con sus camisetas de Iron Maiden… y nuestra negrura en conjunto asustaba a todos, incluso al director, quien recomendaba a nuestros padres enviarnos con la orientadora para cortar de tajo aquella incipiente vena de maldad.

Sin embargo, siempre que nuestras miradas se cruzaban, ella me sonreía y leía en sus ojos ese esperanzador fifty-fifty entre el miedo y el embeleso.  

Mis camaradas vampiros se quejaban de la fresés de aquellas niñas vestidas de rosa que deambulaban por la escuela… y mientras tanto yo suspiraba por Marión como un Nosferatu seducido por aquel universo de colores, peluches y fragancias frutales… ¡aaah!

Poco después… la tragedia.

Marión se hizo novia de un muchacho galán de suetercitos color aguacate y pistache, con el cabello relamido y con una prometedora carrera, quizá como político o ejecutivo de alguna empresa transnacional depredadora.

Retrofuga casi mortal: La mañana del 19 de septiembre de 1985, el día del famoso terremoto de la ciudad de México, la gran barda del patio de la escuela comenzó a tambalearse y yo y un grupo de amigos estuvimos a un pelo de morir aplastados… lo curioso es que en las milésimas de segundo en las que corría para salvar mi vida, tan sólo pensaba en que debía sobrevivir porque sería una lástima no volver a ver a aquella chica de ojos de pantera.

Retrofuga de despedida: La última vez que la vi fue en 1987, poco antes de terminar los cursos. La escuela era todo un escándalo. Marión la chica más guapa, la vampireza inalcanzable, estaba embarazada del novio relamido de los suéteres eléctricos.

En el patio vacío, ella cruzó frente a mí acompañada de sus padres y el escandalizado director. Ella me miró, se detuvo y me dijo con ojos vidriosos de llanto: «¿Como estás?… ¿tu me escribiste aquella carta, verdad? Ante mi tímida respuesta afirmativa, ella sonrió, con gran dulzura. Aún recuerdo su rostro iluminado por un breve instante… pero su madre la tomó del brazo y se alejaron rápidamente… ella continuó mirándome… salió por la puerta principal y pasó a formar parte del universo de mis recuerdos.  Al curso siguiente pedí a m madre que me cambiara de escuela, mí unico vínculo adolescente con el color había desaparecido.

2 respuestas to “Marión…”

  1. Wow!!! ¿¿¿¿Cómo olvidar a Marion????

    Yo tuve la fortuna de ser su amigo durante poco tiempo. Unas cuantas semanas eramos tres amigos: Airam, Marion y yo, lástima que me veian como un cuate inofensivo jajajaja.

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